Monday, December 15, 2008

Sabotage Against the Main Voice of the Nasa People of Northern Cauca

Un sabotaje silencia la voz del Pueblo Nasa
12/15/2008

Autor: Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida-ACIN

Somos víctimas de un plan integral de agresión que seguramente proviene de todos los actores armados. En nombre de la lucha de los pueblos por un país sin dueños, los rechazamos, vengan de donde vengan.

Informamos que el pasado 13 de diciembre asaltaron la caseta de Radio Pa`yumat en el Cerro de Munchique Los Tigres, donde están ubicados todos los equipos de transmisión y la antena. Se robaron el cobre de los cables de protección y esto ocasionó daños técnicos en todos los equipos de la emisora Radio Pa`yumat, la voz del pueblo Nasa.

Cabe anotar que no es la primera vez que suceden estos hechos, ya que en ocasiones anteriores no sólo se han robado los cables, sino que también se han llevado equipos de la sede de Radio Pa`yumat en Santander de Quilichao, justo cuando iniciamos movilizaciones o acciones contundentes en rechazo a los actores armados que provocan la guerra en nuestro territorio.

Entonces, el asalto a nuestra emisora comunitaria, no es un hecho aislado sino que hace parte de una estrategia de silenciamiento al Movimiento Indígena en el norte del Cauca, porque la emisora es el medio más importante dentro de la comunidad que nos facilita escucharnos entre comuneros y comuneras, reflexionar, tomar decisiones y actuar colectivamente para la defensa de la vida y del territorio.

Desde la ACIN denunciamos públicamente este hecho de agresión contra la palabra del Movimiento Indígena, porque el silenciarnos en el contexto de agresión que vivimos, es cegar la voz de la resistencia y ponernos en inminente riesgo, en la medida en que cuando suceda algo grave en el territorio, el mecanismo de difusión que es la radio no va a estar a nuestra disposición para alarmar a la comunidad y solidarizarnos en caso de emergencias. Por experiencia sabemos cuando hay persecuciones, secuestros, amenazas, atentados y demás actos de violencia, la radio es el principal medio de comunicación.

Entonces la intención es silenciar la voz del Pueblo Nasa para debilitar el proceso político organizativo y la reacción inmediata contra hechos de violencia en el territorio, tal como ya se evidencia en el Resguardo de Munchique, donde se encuentra desaparecida la familia Sánchez Serna; Florentino Sánchez de 55 años, Aminta Serna de 47 años y Carol Ximena Sánchez de 12 años. Justo cuando necesitamos mover a toda la comunidad para salir en su búsqueda, no contamos con un medio eficiente como la radio para hacer un trabajo más efectivo. Tenemos información sobre diversas acciones de terror, movilización y difamación contra el proceso indígena que vienen preparándose y que afectarían los resguardos de Corinto, Tacueyó y Huellas-Caloto entre otros.

Acciones que pretenden presentarse bajo diferentes justificaciones o crímenes que pretenden encubrirse para lograr efectos de intimidación y terror. De manera anticipada, denunciamos esta agresión, venga de donde venga ya que en últimas, beneficia a quienes pretenden despojarnos del territorio y no le sirven a la lucha popular por la dignidad que defendemos en la agenda de la Minga Social y Comunitaria.

Por lo anterior, rechazamos el saboteo contra el Movimiento Indígena, el Tejido de Comunicación de ACIN y específicamente contra la Emisora Radio Pa`yumat, porque actos como estos ponen en evidencia una vez más, las estrategias de represión y difamación contra las comunidades indígenas en el norte del Cauca. Finalmente, hacemos un llamado a las autoridades indígenas para que nos ayuden a investigar los hechos y a encontrar a los culpables y a la comunidad Nacional e Internacional a denunciar esta agresión contra nuestro proceso y a movilizar recursos económicos de apoyo que nos permitan recuperar los equipos. Somos víctimas de un plan integral de agresión que seguramente proviene de todos los actores armados. En nombre de la lucha de los pueblos por un país sin dueños, los rechazamos, vengan de donde vengan.

Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida-ACIN
Santander de Quilichao, diciembre 15 de 2008.

Tejido de la Minga social y comunitaria, el proceso que sigue

Follow up overview of the Social and Community Minga and what needs to be done next: This is from the ACIN's Tejido de Comunicación - I will have an English Translation Shortly which needs to be spread far and wide.

Tejido de la Minga social y comunitaria, el proceso que sigue
12/15/2008

Autor: Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida-ACIN

Queremos visitar y que nos visiten para compartir lo que tenemos y así reflexionar desde las experiencias, las resistencias y las propuestas de los pueblos. Queremos debatir, criticar, discutir desde la diversidad del pensamiento para construir unidad entre pueblos. Queremos encontrar puntos comunes desde el dolor de cada pueblo que nos permita tomar decisiones para el mismo.

“!LA MINGA VIVE, QUE VIVA LA MINGA! Por una Colombia de los pueblos sin dueños, todo el saber, todo el dolor, toda la experiencia, todas las palabras, todas las abuelas y los recuerdos. Vamos a vivir porque nos cansamos para siempre del dolor, de la muerte y de la codicia de quienes se nos roban la paz”.Colombia Caminará la Minga

Tres semanas después de encontrarnos, escucharnos, apoyarnos, sentirnos, pensarnos y proyectarnos desde la marcha que pasó por ciudades como Cali, Armenia, Ibagué y Bogotá, los campesinos, indígenas, afrocolombianos y urbanos seguimos caminando la palabra en el marco de la Minga social y comunitaria que se reencontrará en el camino desde ahora, hasta el Congreso de la Minga de los Pueblos que conmemorará el 12 de octubre de 2009.

Porque la marcha y todas las acciones que se desarrollarán en adelante, son mecanismos de participación y encuentro que fortalecen el proceso de movilización y acción que ha sido convocado. Un caminar que se debe hacer palabra y acción entre todas y todos los colombianos.

Mes y medio duró la movilización que empezó el 11 de octubre en La María Piendamó y conquistó la Plaza de Bolívar el 21 de noviembre en Bogotá. Días, horas, minutos y segundos que se quedarán en la memoria de los caminantes y de quienes nos acompañaron y nos vieron pasar. No sentimos el tiempo, no sentimos el clima e ignoramos el desprecio de los enemigos de la transformación. Sólo nos sentimos entre pueblos, donde la solidaridad y la fraternidad fueron la mayor fuerza de unidad popular.

Después de esa gran marcha que acogió a miles de hambrientos, desplazados, ultrajados, desempleados, discriminados y demás víctimas del modelo económico neoliberal que provoca la guerra para despojarnos no sólo de nuestra madre tierra, sino de nuestro imaginario colectivo a través de estrategias de terror, sometimiento económico y propaganda, el pueblo sigue en expectativa, con vocación de movilizarse e intenta coordinar para fortalecer este caminar de la palabra en todo el país para ir fertilizando la conciencia de colombianas y colombianos que sueñan con otro mundo posible y, por qué no, con los que aún son víctimas de la sofisticada maquinaria de manipulación de un régimen que ha convencido a mayorías de las pretendidas bondades de políticas de exclusión enmascaradas y maquilladas.

La Minga que es milenaria en los pueblos indígenas, empezó a convocar abiertamente a la unidad del pueblo colombiano desde el 2004, cuando se realizó el Congreso Indígena y Popular en Cali, antecedido por una marcha con cerca de 60 mil personas de todo el país. En este espacio de encuentro, reflexión y decisión se nombró en Minga el desafío que nos convoca: “SOLOS NO PODEMOS” y se llamó a tejer la jigra de unidad desde Colombia en el Mandato Indígena y Popular que sigue cobrando vigencia(1).

Al terminar la marcha en Bogotá, uno de los pasos para dejar instalada la Minga Social y Comunitaria, fue la de empezar a tejer entre organizaciones y procesos sociales y populares para seguir caminando la palabra en todo el país, con el ánimo de que la Minga se convierta en compromiso y responsabilidad de todas y todos en Colombia; así camine con libertad desde los pueblos por el país posible que necesitamos construir. Por esto, el 21 de noviembre en la Plaza de Bolívar, se hizo la siguiente propuesta para desarrollar entre pueblos desde ya:

El Camino: El tejido de Colombia caminando la minga de los pueblos


Convocamos el CONGRESO DE LA MINGA DE LOS PUEBLOS, para que lo realicemos a más tardar el 12 de octubre de 2009.

A partir de hoy, iniciaremos el trabajo de tejer por toda Colombia para Construir en las conciencias y en la acción consecuente y solidaria, la agenda de los pueblos y organizarnos para debatirla y convertirla en el Programa para el país posible y necesario que sea aprobado en el congreso de la Minga con un Plan de Acción, resultado del esfuerzo de tejer la dignidad.

La palabra se camina informándonos, para reflexionar, decidir y actuar.

Convocatoria:


1. A partir de hoy vamos a construir en la marcha, un pacto de procesos, pueblos y organizaciones populares.

2. Proponemos requisitos para garantizar que el proceso de la Minga sea incluyente, participativo y democrático. Llamamos a todas y a todos a sentirnos convocadas y convocados. Los requisitos mínimos que acordamos incluyen:

a. Asumimos trabajar a partir de los 5 puntos de la agenda de la Minga(2) de los Pueblos que venimos caminando desde septiembre de 2004. De un país con dueños y sin pueblos, por un país de los pueblos y sin dueños.

b. Nos comprometemos a movilizar los recursos que se requieran para que la Minga avance y contribuir a construir propuestas, tejer y movilizarnos aportando para que el proceso hacia el Congreso de la Minga de los Pueblos y el Congreso mismo sean una realidad.

c. Asumimos nuestro deber de aportar a la coordinación en Minga de los Pueblos para que nada sea de nosotros y todo sea de todas y todos.

Mecanismo:

Convocamos a toda Colombia a:


1. Sentirnos convocadas y convocados y a inscribirnos como personas, organizaciones, colectivos, comunidades o grupos a la Minga Social y Comunitaria (por ahora ofrecemos la ONIC, el CRIC, la ACIN y las organizaciones indígenas del país) así:

a. La Minga preparará un texto de Acta de Compromiso y lo pondrá en disposición de los pueblos, procesos y organizaciones sociales en todo el país.

b. El Acta incluirá además un espacio para recolectar información y datos necesarios para la interlocución y coordinación.

c. Las organizaciones y grupos, se informan, reflexionan y toman la decisión de asumir el compromiso de hacer Minga. En consecuencia, firman el Acta a nombre de sus grupos o colectivos.

d. Las actas de compromiso firmadas, se harán públicas como expresión de reconocimiento y presencia.

e. Un equipo de la Minga con representación de diversos sectores se ocupa inicialmente de tejer en las primeras etapas con el compromiso de irse ampliando para responder a las demandas del tejido y del camino. La coordinación en respuesta al mandato de los pueblos en marcha se encargará de promover la convocatoria, recoger las actas, contactar los diversos procesos y sectores sociales, mapear los procesos por regiones, sectores y responder a los demás desafíos que se presenten, siempre en consulta con los pueblos y sobre la base de criterios establecidos con transparencia. La coordinación logística y política irá creciendo desde el proceso mismo según necesidades y capacidades. La Minga manda en el camino para que nos hagamos Tejido.

f. Se organiza un proceso de planeación y un plan de trabajo para ampliar la convocatoria y una propuesta de coordinación para la fase de tejido.

2. Con la agenda trabajaremos un proceso pedagógico y los materiales y métodos necesarios para Tejer donde se requiera y se pueda, buscando ensanchar y profundizar los alcances y ámbitos. Cada barrio, vereda, pueblo, calle, café, fábrica y hogar, cada espacio y cada persona serán objeto de nuestra convocatoria a tejer.

a. Crearemos y diseñaremos metodologías, contenidos, mecanismos de compartir, escuchar y tejer.

b. Realizaremos el proceso de tejido y recolección de la palabra de los pueblos

c. El camino nos servirá como escuela y experiencia para que la sabiduría colectiva se convierta en rumbo.

3. Sintetizaremos los resultados con comisiones de planeación, síntesis y seguimiento respetando la palabra de todas y todos porque todas y todos estaremos recogiendo y sintetizando.

Movilización y Conciencia

El proceso de tejer reclama eventos, movilizaciones, acciones de lucha; resistencia cada vez más coordinadas; compartidas y el trabajo de construir agenda en el debate y en la práctica. Tejer es caminar la palabra. Tejer es aprender a luchar en unidad. Tejer es impedir que esta Minga se canse y comprometernos a que siga desde acá y desde ¡ya! Por eso, al proponer este camino recogemos con respeto la libertad de acción y los ritmos de la realidad. La sabiduría de la Minga consiste en no ser receta ni orden sino respuesta flexible y propuesta que crece con lo que sucederá y haremos. El hambre, la crisis humanitaria, la guerra y el terror, la ilegitimidad del Estado, las luchas por derechos y libertades, las dinámicas del camino de lo que hace la historia caben en la Minga, son Minga y nos comprometemos a recogerlos en el camino hacia establecer el país sin dueños de los pueblos. Cada tema es una causa y todas las causas son nuestras en el camino de tejer en Minga(3). Para cambiar esta realidad de terror y codicia, debemos entenderla. La conciencia nos hará libres para luchar. La rebeldía es un derecho que vamos a ejercer sin autoritarismos sectarios ni imposiciones.

Aprender haciendo. Esa es la Minga. Ni desviarnos por egoísmos, ni ahogarnos en entusiasmos. Luchar, movilizarnos, avanzar hacia unos logros compartidos. Por ahora, hay que sumar fuerzas, recursos y capacidades para lograr unos mínimos de convocatoria y acción frente a un régimen y a un modelo al que le decimos ¡BASTA! en las palabras y en los hechos desde todas las luchas y dolores. Que ese ¡BASTA! sea firme, concreto y suficiente. No volveremos a pedirle audiencia a nadie, porque nosotras y nosotros, la Minga de los Pueblos, somos el país y la autoridad. Los que nos representan nos mandan obedeciendo, o se van.

Esa es la propuesta a la que se han sumado organizaciones y personas individuales, esa es la propuesta que sigue esperando que se unan más procesos para empezar a desarrollarla en todo el país.
Desde el Cauca seguimos encontrándonos en las alegrías y en las tristezas con los pueblos, esperamos seguirlo haciendo con Colombia para que entre todos sigamos trabajando los 5 puntos; nos informemos, reflexionemos desde nuestras realidades y capacidades, decidamos desde la colectividad; actuemos desde la conciencia clara y el compromiso firme con otro mundo posible y necesario.

En este sentido, vamos avanzando desde el Cauca con la elaboración de materiales que nos permitan informarnos más entre los que nos vamos encontrando dentro y fuera de la comunidad. Queremos visitar y que nos visiten para compartir lo que tenemos y así reflexionar desde las experiencias, las resistencias y las propuestas de los pueblos. Queremos debatir, criticar, discutir desde la diversidad del pensamiento para construir unidad entre pueblos. Queremos encontrar puntos comunes desde el dolor de cada pueblo que nos permita tomar decisiones para el mismo. Queremos seguir compartiendo con todas y todos la necesidad de la transformación para actuar desde donde podemos. Queremos encontrarnos a más tardar en octubre de 2009 con propuestas puntuales recogidas desde la realidad y la reflexión de los pueblos, que reflejen un mínimo de agenda popular.

Con todo eso y con lo que colombianas y colombianos le aporten a este proceso, queremos aportar al tejido de Colombia caminando la Minga de los Pueblos.

Imaginamos y recogemos los materiales para el Tejido

Se ha iniciado una fase de decantación e intercambios, que es al mismo tiempo una etapa de reflexión. A partir del 21 de Noviembre y tras el regreso a nuestras comunidades de quienes marchamos, reconocemos que se han puesto en evidencia las contradicciones que habíamos identificado desde la fase preparatoria de la Minga. Estas contradicciones se transforman en ejes de lucha que también expresan desafíos que debemos abordar. Resaltamos entre otros:

La profunda contradicción con el Modelo de Desarrollo del capital transnacional, cuyo fin es alimentar la insaciable codicia de clases corporativas. Modelo a cuyo servicio se encuentra este Gobierno y al que responde el Estado colombiano. Modelo que se encuentra en el trámite de absorber el territorio nacional para que toda la riqueza y el trabajo sean entregadas por vía del terror, la propaganda y las políticas corporativas transnacionales a dueños particulares. Esta es la contradicción fundamental.

La contradicción ética y estratégica con la insurgencia armada. Ética, porque el desprecio por la vida y por la dignidad no pueden ser medios para un proyecto revolucionario. Estratégica, porque el terror es la excusa de la que se sirve el proyecto del capital transnacional para imponer la guerra y despojar a los pueblos.

El desafío de superar el sometimiento de nuestros imaginarios a la dependencia en la que nos ha educado la cultura autoritaria y maniquea del orden establecido. Desde las prácticas de los partidos tradicionales, pasando por la cultura de la dependencia y del sometimiento, hemos aprendido a negociar nuestro lugar particular dentro de la estructura que hay que transformar. Por eso, aún pedimos limosna o confundimos los medios y los fines. Creemos equivocadamente que conseguir un beneficio equivale a luchar por cambiar la realidad. Enfrentamos la necesidad de exigir nuestros derechos como un medio hacia crear una realidad justa sin protagonismos. Debemos aprender a reconocer estas dificultades para supeditar intereses particulares a la lucha colectiva por la libertad.

Estas contradicciones debemos reconocerlas, trabajarlas e irlas superando en el camino: este es el camino de la Minga Social y Comunitaria. Mientras reflexionamos, vamos planificando acciones y buscando espacios de formación y socialización. Pero también hacemos silencio para observar y reconocer. Estamos pendientes. Estamos esperando. Esperando a ver cómo se expresan las fuerzas, las costumbres, los intereses, los compromisos, las dudas. Estamos recogiendo el material con el que habrá de hacerse el tejido. Hay hilos podridos y débiles. Hay otros fuertes y coloridos. Con esto se hace el trabajo. Es el momento de la verdad. Más vale tejer con fuerza para que no se deshaga lo trabajado que tejer con afán y palabras vacías para decepcionarnos de nuevo. La Minga es una exigencia a la verdad y a la vida. Vamos a ser partidarios y partidarias de nuestros actos; ese es el camino de la Minga.

Notas:

(1) Ver el texto del Mandato Indígena y Popular en:
http://www.nasaacin.org/mandato_indigena_popular.htm
(2) Ver los Cinco Puntos de la Minga Social y Comunitaria en:
http://www.nasaacin.org/minga_2008_nuevo.html
(3) Rozental, E. Movimientos Sociales: Todas las Causas son Nuestras:
http://www.nasaacin.org/noticias.htm?x=6406

Sunday, December 14, 2008

BBC Report on Funky Government War Statistics!

Colombia war data 'unbelievable'
By Jeremy McDermott
BBC News, Colombia

Colombian government figures on the number of guerrillas killed, captured or surrendered are vastly exaggerated, a human rights group says.

Codhes, a respected Colombian NGO, analysed the statistics of recent successes claimed by the armed forces in the 44-year civil conflict.

About 114,000 members of the warring factions were said to have been dealt with by the army in the last six years.

However, other estimates say there are only 30,000 in the warring factions.

Even allowing for recruiting to replenish depleted ranks, the government figures suggest that eight members of the warring factions are killed every single day in Colombia, something not substantiated by any other sources.

Popular president

President Alvaro Uribe owes his phenomenal popularity to his tough "democratic security" policy, but Codhes suggests that while there have been great advances, government claims are vastly exaggerated.

Mr Uribe after six years in power still has 70% approval ratings, and this is due to his success in pushing back the warring factions from the cities where most Colombians live and dealing a series of crushing blows to the Marxist rebels.

But the Codhes study, entitled "The numbers do not add up", attacks the very foundation of the Uribe administration, suggesting the government statistics are simply unbelievable.

Mr Uribe is finding himself and his security policy under assault on many fronts.

Many Colombians now believe the time has come to talk peace, something the hard-line president whose father was murdered by Marxist guerrillas, has refused to seriously consider.

Also there is mounting evidence that members of the security forces have killed hundreds of unarmed civilians and presented them as members of the illegal armies shot in combat.

Story from BBC NEWS:
http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/2/hi/americas/7781991.stm

Saturday, December 13, 2008

National Indigenous Organization of Colombia Denounces Politics of Extermination on International Human Rights Day

Here is the communique put out by ONIC on the day the world marked the 60th Anniversary of the Universal Declaration of Human Rights (in Spanish).

En el día de los DDHH ONIC denuncia política de exterminio indígena


Comunicado ONIC

SIEC, Actualidad Étnica, Bogotá, 11/12/2008. Tal y como lo han denunciado los pueblos indígenas de Colombia y las organizaciones sociales, populares y de defensa de los derechos humanos, nuestro país vive actualmente una profunda crisis por la violación sistemática de derechos fundamentales y garantías sociales siendo responsable de estas violaciones el estado en un porcentaje mayoritario.


Esta situación no sólo se da por los miles de asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, desplazamientos forzados, etc, sino porque el estado implementa medidas inconsultas que limitan o desconocen derechos reconocidos en la Constitución Política.


En el caso de los pueblos indígenas se materializa en una política estatal que fomenta el etnocidio y el racismo a través de modelos educativos aculturizadores, sistemas de salud excluyentes, despojo de los territorios ancestrales, desconocimiento de las autoridades indígenas, entrega de los recursos naturales a las multinacionales y crímenes de lesa humanidad, entre otros.


Para sostener esta política de exterminio social, el estado ha implementado la política de seguridad democrática cuya columna vertebral es la fuerza pública como mecanismo represivo que le permite mantener los modelos económicos, estructurados en contra de los intereses de las mayorías, (indígenas, campesinos, trabajadores, afros, etc,) y en beneficio de los grandes capitales y las clases sociales dominantes.


En la persistencia del actual gobierno por sostener y multiplicar esos capitales nacionales e internacionales, ha implementado tres lineamientos que socavan de manera directa los derechos fundamentales de los pueblos indígenas y de las organizaciones sociales, estos son: la negociación del Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos, los proyectos de reforma constitucional y la política de «seguridad democrática».


Siendo esta ultima la razón por la cual se vulneran sistemáticamente los derechos humanos, muestra clara son las miles de ejecuciones extrajudiciales, las detenciones masivas por judicializaciones ilegales, llamadas las dos anteriores falsos positivos que son fruto del pago de recompensas y obtención de prebendas que da la seguridad democrática tanto a los miembros de la fuerza pública como a los supuestos informantes; también ante la necesidad que tiene el Estado de mostrar RESULTADOS ante los países que financian la guerra en Colombia; la implementación de las familias guardabosques, red de cooperantes, soldados campesinos que tienen como fin involucrar a la sociedad civil en una guerra que no aceptamos, no compartimos, no apoyamos ni queremos vivir o la criminalización de la protesta social como se hizo en el caso de los corteros de caña, la minga de resistencia social en La maría o la declaratoria de conmoción interior para reprimir el paro judicial.


Entre relación con los proyectos de reforma constitucional que menguan los derechos humanos, podemos citar dos proyectos de acto legislativo (en diferentes versiones) que presentó el gobierno de Uribe, que representan una amenaza a la base y el ejercicio de los derechos fundamentales conquistados en la Constitución de 1991.


Por una parte el proyecto de Acto Legislativo 03 de 2003, denominado «reforma estructural», que desconoce la existencia de territorios indígenas y deja sólo la posibilidad de creación de entidades territoriales indígenas contraviniendo la Constitución Política y la posesión territorial milenaria y autónoma de los pueblos indígenas en Colombia.


Por otra parte, con la llamada reforma judicial que busca cambiar también la Constitución, el gobierno quiso derribar e invertir el sentido de la acción de tutela, inutilizándola para la protección de los derechos colectivos, económicos, sociales, culturales y ambientales, a la vez que busca que todos los derechos fundamentales queden subordinados a los Planes de Desarrollo y las leyes de presupuesto; desconociendo que la acción de tutela ha servido durante los últimos 14 años como instrumento clave para la protección efectiva de de los derechos de los pueblos indígenas, los individuos, las organizaciones sociales y populares.


Politica de Seguridad Democrática, cifras de la violencia e impunidad

Bajo la administración del Presidente Uribe Vélez se ha implementado la llamada “política de seguridad democrática”, la cual es presentada como una política de derechos humanos, y que parte de la base de la existencia de un enemigo interno colectivo del cual se considera hacen parte no solo las organizaciones insurgentes, sino adicionalmente las organizaciones indígenas, campesinas, sociales, cívicas, sindicales, de derechos humanos y políticas de oposición a quienes de manera general se les asume y estigmatiza como “auxiliadores” de las guerrillas, lo que ha llevado a la detención masiva y arbitraria de miles de personas y la criminalización de amplios sectores populares que se han movilizado en defensa de sus derechos y que han sido acusados por el alto Gobierno de “terroristas”.


Así, la “política de seguridad democrática” ha profundizado las violaciones a los derechos humanos y libertades fundamentales, las cuales siguen siendo masivas y sistemáticas:


Para los indígenas las cuentas están claras. En el período de gobierno de Álvaro Uribe, han sido asesinados 1244 indígenas de los diferentes pueblos, incluidos los tres asesinados por la policía nacional en la María Piendamó y Villarica Cauca en desarrollo de la Minga Nacional de Resistencia Indígena y Popular, constituyéndose esta práctica en un genocidio.


“Entre julio de 2002 y diciembre de 2007, por lo menos 13.634 personas perdieron la vida por fuera de combate por causa de la violencia sociopolítica. De ellas, 1.314 eran mujeres y 719 niños y niñas y la desaparición forzada de por lo menos 1.477 personas.


En los casos donde se conoce el presunto autor se establece la responsabilidad del Estado Colombiano en un 75,4% de los casos, por perpetración directa de agentes estatales, el 17,53% (1.411 víctimas); y por tolerancia o apoyo a las violaciones cometidas por paramilitares el 57,87% (4.658 víctimas). A los grupos guerrilleros se les atribuyó la presunta autoría del 24,59% de los casos (1.980 víctimas).


Igualmente, en lo corrido del 2008, mas de 41 sindicalistas han sido asesinados, convirtiéndose Colombia en el país de todo el hemisferio con mas sindicalistas asesinados en el último año.


Más de 270.675 personas se vieron forzadas a abandonar sus lugares de origen, lo que indica que en promedio 1.503 personas fueron desplazadas cada día . Este delito afecta con mayor gravedad a las poblaciones campesinas, afrocolombianas, los pueblos indígenas y los niños y niñas.


Se destaca el incremento de las ejecuciones extrajudiciales directamente atribuidas a la Fuerza Pública, entre julio de 2002 y diciembre de 2007 se registraron por lo menos 1.122 ejecuciones. Efectivamente en los últimos meses los medios de comunicación han informado sobre decenas de casos de jóvenes de sectores marginados reclutados y luego desaparecidos en varias regiones del país. A los pocos días de haber desaparecido, son reportados como muertos en combate por la Fuerza Pública a centenares de kilómetros de su lugar de origen y enterrados allí como N.N. En lo corrido del 2008, se han registrado más de 102 asesinatos, lo que refleja la vulnerabilidad de los jóvenes de los barrios marginales.


El 30 de octubre de 2006, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) presentó ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos PARA PUEBLOS INDIGENAS, 1940 casos relacionados con homicidios, secuestros, detenciones arbitrarias, y desapariciones forzadas sobre comuneros indígenas, para que la fiscalía general de la nación realizara las investigaciones pertinentes, El 1º de noviembre del mismo año la Fiscalia solo informó sobre 100 casos y precisó que la mayoría de ellos habían precluido por falta de pruebas , evidenciándose la impunidad.


Nuestros territorios se han convertido en territorios de guerra, pues antes de las fumigaciones, aviones de la Fuerza Aérea colombiana, pasan bombardeando, y luego las fumigaciones, la presencia de los grupos armados y la presión del ejército colombiano y tropas y asesores norte americanos han ocasionando el desplazamiento y abandono del territorio por parte de nuestras familias.


No desmantelamiento del paramilitarismo e impunidad:

Las estructuras paramilitares no ha sido desmanteladas y muchas de sus estructuras políticas, sociales y económicas permanecen intactas. Base de datos de la Policía Nacional, el Instituto Indepaz estiman que a agosto de 2007 por lo menos 9.000 paramilitares armados hacen parte de 76 grupos y siguen operando en 25 departamentos del país .


Otro aspecto son los altos niveles de impunidad. Efectivamente, se ha aplicado un marco jurídico, con el primero se hizo la desmovilización del grueso de las estructuras paramilitares y presuntamente se habrían desmovilizado un total de 35.288 paramilitares de los cuales el 90,1% (28.544), fueron beneficiados con una amnistía de facto bajo el argumento de que no tenían investigaciones o condenas en su contra por delitos “graves”.


El segundo marco normativo compuesto por la llamada ley de “Justicia y paz” y sus decretos reglamentarios, se aplicaría a los responsables de graves crímenes de lesa humanidad. El Gobierno postulo a 3.284 paramilitares, de los cuales solo 245 ratificaron su interés por continuar en esos trámites, y de estos se encuentran privados de la libertad apenas 55 y 15 de ello fueron extraditados a los Estados Unidos , para que respondan por cargos de narcotráfico.


Lo anterior revela que sólo un 0.69% de los paramilitares desmovilizados, están siendo procesados bajo los trámites de Justicia y Paz, y el resto se encuentra gozando de la impunidad que se deriva de los marcos jurídicos antes indicados .


A la fecha y de acuerdo con las investigaciones adelantadas por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General de la Nación han develado elementos importantes de verdad que muestran los vínculos de mas 113 congresistas y ex congresistas con la estrategia paramilitar, la mayoría pertenecientes a la coalición del partido de Gobierno.


Tampoco ha habido voluntad de reparar a las víctimas, pese a cifras que revelan que entre 4.5 y 6 millones de hectáreas se encuentran en poder de paramilitares y narcotraficantes, hasta la fecha solo han entregado 6 mil hectáreas, lo que revela la falta de voluntad de estos paramilitares para reparar a las víctimas de sus crímenes.


Ante este fracaso, el Gobierno expidió en el mes de abril un decreto de reparación administrativa (Decreto 1290), con el que se pretende indemnizar a victimas individuales, de “organizaciones armadas al margen de la ley”, con unos montos irrisorios y deja por fuera a las víctimas de crímenes de estado, oculta la responsabilidad histórica que tiene el Estado en la creación, fomento y desarrollo del paramilitarismo y se desconoce normas internacionales que obligan al Estado a reparar a las víctimas por violaciones a los DH y DIH.


Amenazas

Los pueblos indígenas y sus organizaciones han recibido en los últimos 7 años un promedio de 135.788 amenazas. De manera específica, en el marco de esta Minga se han recibido amenazas que vinculan a las organizaciones y sus líderes con el terrorismo. Observamos, que estas amenazas, los señalamientos y la vinculación al terrorismo que hacen los grupos armados a los pueblos indígenas son el resultado de las imputaciones directas, publicas e responsables realizadas por altos funcionarios del Gobierno colombiano, a las justas reivindicaciones de los pueblos indígenas y a otras organizaciones de derechos humanos, las cuales ponen en riesgo la vida y la integridad física de los indígenas, y de los defensores y defensoras de derechos humanos.


Declaración de los Derechos de los pueblos indígenas.

El Gobierno Colombiano se abstuvo de aprobar la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, lo que pone de presente las intenciones de este gobierno respecto de los grupos indígenas del País y se constituye en la más clara muestra de su política anti indigenista. De esta manera afecta gravemente nuestros derechos ancestrales, a la Autodeterminación, a la autonomía y a la propiedad del territorio y los recursos naturales.


Para oponerse a su firma, el gobierno adujo entre otros que, bajo la Ley Colombiana, el derecho de consulta indígena no es absoluto. Alega, que el enfoque de esta Declaración frente al consentimiento previo es distinto, y podría equivaler a un posible veto en la explotación de recursos naturales que se encuentren en territorios indígenas, en ausencia de un acuerdo, lo que podría frenar procesos que son de interés general, que en la práctica son el interés de las multinacionales que explotan recursos naturales, muchas de ellas comprometidas con grupos paramilitares en Colombia y otras regiones del mundo. Según el Gobierno, muchos Estados, incluido Colombia, consagra constitucionalmente que el subsuelo y los recursos naturales no renovables son propiedad del Estado para conservar y garantizar su utilidad pública en beneficio de toda la Nación.


En relación con la presencia militar, señala que la Fuerza Publica está en la obligación de hacer presencia en cualquier lugar del territorio nacional para brindar y garantizar a todos los habitantes la protección y respeto a su vida, honra y bienes tanto individuales como colectivos.

Con esta posición, el Gobierno colombiano contradice los derechos históricos de los pueblos indígenas reconocidos en la Constitución de Colombia. Además, está desconociendo la política conjunta de los países del mundo e incumpliendo compromisos y derecho adquiridos.


Cabe señalar que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, fue decidida por la mayoría de los países miembros de la ONU y los derechos allí consagrados se constituyen en el estándar mínimo en materia de cumplimiento de derechos humanos para los indígenas. Esta misma doctrina y jurisprudencia internacional orienta que ante una incompatibilidad de las legislaciones internas de los estados y las declaraciones o tratados sobre derechos humanos, debe estos estados modificar sus normas internas de tal forma que puedan acoger de manera integral las declaraciones internacionales, es entonces esta la vía trazada por el derecho internacional y no la planteada por el gobierno nacional.


Pero este no es el único marco jurídico internacional que este gobierno desconoce, pues a pesar de haber firmado istóricamente convenios sobre derechos humanos, los vulnera de manera permanente con las acciones ya denunicadas, especialmente no se respeta los convenios sobre genocidio de sectores sociales, entre otros la Convención Internacional sobre Genocidio, concebida entre los años de 1946-1948, y aprobada por la Asamblea General de la ONU durante el Periodo de Sesiones de diciembre del 48, estableció que “debe entenderse como genocidio la muerte u otros actos de destrucción de miembros de grupos… nacionales, étnicos, sociales o religiosos”.


Las normas sobre derechos humanos en Colombia, a pesar sus limitaciones, incluyen el genocidio político. Sin embargo, aunque aparece escrito en nuestra legislación, lo cierto es que se conservan muy bien guardadas en la caja fuerte del perdón y el olvido, y frente a ello la inmensa e histórica montaña de la impunidad.


Exigencias

En materia de Derechos Humanos.

a. Que el gobierno de Colombia acoja, sin reservas la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, así mismo y de manera concertada con las autoridades indígenas, se implemente una política pública para pueblos indígenas que garantice sus derechos fundamentales como individuos y como pueblos, en especial el derecho al territorio, la autonomía, salud propia, educación propia, medio ambiente, la paz etc.


b. Que el estado suspenda de manera inmediata la violación de derechos humanos en el país, esto disminuye en un 50% la violación de derechos en Colombia que según las estadísticas son cometidos por agentes del estado.


c. Desmonte de la política de seguridad democrática y adopción de medidas que permitan una salida política al conflicto social y armado que vive el país.


d. Concertación e implementación de medidas cautelares y de protección autónomas y concertadas para pueblos indígenas y organizaciones sociales.


e. La desmilitarización total de los resguardos y territorios indígenas.


f. Que se adopte un plan de emergencia para la atención integral de los 18 pueblos indígenas en vía de extinción.


g. Concertar con los Pueblos indígenas y organizaciones sociales una política especial de reparación integral y colectiva a las víctimas de la violencia que incluya la visión cultural y ancestral.


h. Declaratoria de emergencia social, económica y cultural de los Pueblos Indígenas en Colombia.


i. Desmonte total del Estatuto de Victimas.


j. Cese inmediato de las actividades de fumigación en todo el territorio colombiano.


2. Investigación a las multinacionales que están comprometidos con financiamiento de grupos paramilitares.

At Ubérrimo’s Gates

This is a post from CIP's Colombia Program:

Authors Jorge Rojas and Iván Cepeda. (Picture from the website of Semana magazine.)

At Ubérrimo’s Gates is the name of a book released this week in Colombia, jointly written by two of the country’s most prominent human rights defenders: Iván Cepeda of the National Movement of Victims of State Crimes and Jorge Rojas, the director of the Consultancy for Human Rights and Internal Displacement (CODHES.)

The book’s title cites the name of the extensive ranch outside Montería, a small city that serves as capital of the northwestern Colombian department of Córdoba, that is the property of Colombian President Álvaro Uribe. Though he is from the neighboring department of Antioquia, where he served as governor from 1995 to 1997, Uribe owns significant amounts of land in Córdoba as well, and frequently receives visitors at El Ubérrimo.

The authors make note of this because Montería, and the department of Córdoba in general, are practically synonymous with the rise of paramilitarism in Colombia since the 1980s. By the 1990s much of the department was firmly under the control of the founding group of the United Self-Defense Forces of Colombia (AUC), the United Self-Defense Forces of Córdoba and Urabá (ACCU), led by Carlos Castaño and Salvatore Mancuso. The AUC/ACCU was headquartered in Córdoba’s Nudo de Paramillo region, it received generous and open support from Montería’s landowning elite and politicians, and its leaders were frequently seen in the city.

Cepeda’s and Rojas’s book is not principally about Álvaro Uribe. It contains no juicy “smoking gun” evidence that Colombia’s president has ties to paramilitaries and narcotraffickers. The authors’ focus is on the growth and pervasiveness of paramilitarism in a city and province that became a chief AUC stronghold, with local elites’ acquiescence and support.

The book goes on to ask how Álvaro Uribe could have spent years as a prominent public figure and landholder in Montería without showing any signs that he was uncomfortable with, or even aware of, the paramilitaries’ strong dominion over the zone. It also notes Uribe’s close relationships with Córdoba business and political leaders who have since become embroiled in scandal over their ties to paramilitary groups, among other corruption.

Here is an excerpt from the opening chapter of At Ubérrimo’s Gates, published Sunday by the Colombian daily El Espectador.

Excerpt from At Ubérrimo’s Gates, by Iván Cepeda and Jorge Rojas

Álvaro Uribe Vélez’s successful political career was bearing fruit. His name began to be heard in political circles as a card in the deck of aspirants for the Presidency of the Republic. Followers and regional leaders launched his candidacy. Shortly before he finished his term as governor [in 1997], representatives of Antioquia’s commercial, industrial and cattle-raising sectors asked him to resign the governorship and begin his campaign. As a show of their support, the business associations organized a public demonstration that gathered more than 3,000 people in the Plaza Cisneros, across from La Alpujarra, where the governor’s office is located. The media highlighted that among those headlining the event was found the head of the Ochoa clan [associates of the Medellín cartel], the horse enthusiast Fabio Ochoa. The Uribes and the Ochoas never hid their friendly relationship. The event closed with the songs of Darío Gómez, “the king of despecho music.”

In Córdoba, the cattlemen’s associations’ leaders saw in Uribe Vélez a politician inextricably tied to the department, as the owner of “El Ubérrimo” and other lands. His first public appearance in Córdoba as a presidential pre-candidate was to take place, with him as the central speaker, at an event in honor of Rodrigo García Caicedo, considered one of the clearest exponents of the self-defense doctrine, a confessed admirer of the Castaño Gil brothers [founders of the AUC] and the victim of a dynamite attack.

Last-minute difficulties kept the governor of Antioquia from attending. Among those attending the event were Jorge Visbal Martelo, who convened it, and the ex-commander of the [Montería-based] 11th Brigade, Iván Ramírez. A few months after the event, in May 1998, Gen. Ramírez would see himself tied down by a complicated situation, when the U.S. embassy decided to revoke his visa to enter that country due to presumed human rights violations committed when he commanded the army brigade in Montería. Upon learning of the decision, the general said that all he had done was fight terrorists for 36 years, and that it was an outrage that, near the end of his career, he would be treated like one of them.

It wasn’t until 1999 that the new candidate attended several public events in Córdoba that had an electoral connotation. He participated in the 39th Agricultural, Commercial, Microenterprise and Equine Fair and Exposition. The local media referred to him as “the owner of considerable extensions of land in Córdoba” and as one who “has been credited, during his occupation of the Antioquia governor’s office, with revitalizing the controversial Convivir [state-sanctioned self-defense militias], many of which later turned into paramilitary groups.” On the night of June 18, the ex-governor of Antioquia was at a cocktail party at this event. In the photos published in the social pages of Córdoba’s El Meridiano newspaper, Uribe Vélez appeared with Johanna Mancuso, the newspaper’s sales executive and the cousin of Salvatore Mancuso, who at the time was one of the AUC’s commanders. At the same event was Giuliana Mancuso, the national “cattle queen” and cousin of the paramilitary chief. The presidential candidate, who had known Mancuso years earlier, knew to whom the El Meridiano executive and the queen were related.

Along with the young Mancusos, the cattlemen’s fair’s social event counted with the presence of Róger Taboada, who at the time was the vice president of the Banco Ganadero. Months later, Taboada became treasurer of Álvaro Uribe Vélez’s presidential campaign. His friendship with Uribe led him to be Colombia’s consul-general in San Francisco, California. After his tenure as a diplomat, his legal problems began: the Prosecutor-General’s Office [Fiscalía] ordered his arrest for his alleged participation in a series of illegal operations that made up part of the multi-million-dollar theft from the Fond for the Financing of the Agrarian Sector, Finagro, of which he was president, which benefited the narcotrafficker Luis Enrique Micky Ramírez, a former partner of Pablo Escobar. The investigations indicated that Taboada may have given out 855 credits of 29 million pesos each [about US$14,000], supposedly loaned to cattlemen. The former official faced an arrest warrant for conspiracy, money-laundering, document falsification and procedural fraud. After being a fugitive, he was captured in June 2008.

Accompanied by two of the main signers of the Santa Fe de Ralito Pact [a 2001 mutual-support document signed by politicians and paramilitary leaders], Miguel Alfonso de la Espriella and Eleonora Pineda, candidate Álvaro Uribe traveled throughout Córdoba, held public events, spoke at conferences and spoke with the people. In ads and photos published in El Meridiano de Córdoba he appeared in a red shirt, hand on his heart, behind him the national flag and beside him the smiling faces of Miguel Alfonso and Eleonora. With them he went to Montería’s neighborhoods and spoke of defeating violence and corruption; he attended the demonstrations carried out in the zones of Bajo and Alto Sinú, San Jorge, Sahagún and Cereté. He met with young Córdoba university students, to whom he spoke of the need to “rebuild the Fatherland.”

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Wednesday, December 10, 2008

Consolidation, Inc. - By Alfredo Molano

Here is a translation of a troubling column by Alfredo Molano in Sunday’s El Espectador, provided by our friends at the Center for International Policy.

Molano writes about the Montes de María region, along Colombia’s Caribbean coast southwest of Cartagena. He describes a war-scarred region where “strange personalities” in armored Hummers are buying up small farmers’ land, and where the government is carrying out “consolidation” programs that give the Colombian military a significant role in development projects. If you're wondering why we should be concerned about the latest phase of Plan Colombia, take a look at this piece. While there is now talk about shrinking the military component of Plan Colombia aid in exchange for more social-oriented projects, why are those projects being directed by...the military? It's a return to the Reagan-inspired projects in Central America in the 1980s, and the Strong Roads Program that totally militarized Panama. Here is the Spanish version of the column, posted in ACIN's website.

Consolidation, Inc.
By Alfredo Molano Bravo
El Espectador (Bogotá), December 7, 2008

The four dead in El Pozón, a neighborhood of displaced people in Cartagena, didn’t merit anything more than small-type headlines in the newspapers and a brief reference on the radio.

In El Carmen de Bolívar, where the dead originally came from, the news spread quickly and opened up a debate. First in moderate tones and then little by little, as the weather grew hotter, an open discussion full of wounded cries about the post-conflict reality in the Montes de María. This is a mountain range that has been beaten down by violence since the 1950s, suffering the massacres of El Salado, Chengue and Macayepo, carried out by the paramilitaries under the command of alias Cadena and alias El Tigre, protected by politicians in the region and with the participation of some loose ends among the Marines.

After the death of [Caribbean Bloc commander] Martín Caballero [in October 2007], the FARC have continued to suffer blows and the security forces continue to advance. The result has inspired the government to proclaim victory, and to launch a military consolidation plan called the “Integrated Action Fusion Center,” which is nothing more than an updated way of carrying out military civic-action projects. The Marines are in charge of all government institutions, from [the presidency’s office of] Social Action to the ICBF [child and family welfare institute], a coordination that ends up being authoritarian. The military has begun to contract all infrastructure projects with the civilian sector, such as roads, bridges, schools, or medical centers; to carry out health-care brigades; to organize campesino associations; to entertain the campesinos with a traveling circus; and, though it may surprise the country, to give human rights workshops.

The program is nothing more than the militarization of the state’s social programs. After the blood and pain of the massacres, after the military’s securing of the zone, now the way is open for a civilian operation in the hands of those in uniform. The people look on with skepticism. They have memories. The European Union, which financed much of the existing public works, is uncomfortable with its new partner, since its aid programs prohibit participation in military plans; and as if that weren’t enough, it is hard enough to get most public functionaries to do their own jobs.

The surprising “post-conflict” thesis has another dissonant note: for the past several months, strange personalities have come to the towns of the Montes de María in bulletproof Hummers to negotiate land purchases. (Hummers are combat vehicles from the Gulf War, today sold commercially and hated by environmentalists for the very high levels of pollution that they produce.) That is, they come to buy, at a low cost, small properties that have been foreclosed upon by the banks or by businesses. Or because they like to have their pistols seen and they don’t hide their bodyguards. Campesinos who have managed to come out of the war alive, or who have returned after being displaced to other cities, are the first ones obligated to sell.

There are chains of intermediaries who offer confidential commercial information and who pass through the small farms issuing “Águilas Negras” threats. It doesn’t stop there: large and recognized dairy, timber, and - of course! - oil-palm companies are those who end up buying these lands and making them into very respectable agro-industrial enterprises. It would all seem to be a perfect plan, were it not for the campesinos who have noticed “how the stream’s water arrives at the mill,” and who also know how to tell of the terrible roads they had to take to get to the notaries [to close the sales of their land]. The issue is so serious that the Bolívar departmental government has frozen land sales in the region.

Europe, which finances the social programs that the government is carrying out in the Montes de María and in the Macizo Colombiano (the mountains of southwestern Colombia), among other regions, cannot be indifferent to this huge institutional change. Nor can the incoming U.S. government: what Uribe is doing is getting out ahead of the likely reduction in Plan Colombia’s military aid and giving the military control over money spent for exclusively social purposes. This will allow [Defense] Minister [Juan Manuel] Santos to begin his election campaign and the military to continue enjoying preferential treatment in the budget.

Monday, December 8, 2008

“Llegaron al corazón del país para quedarse”

(A wonderful essay from an old friend and nationally respected historian Mauricio Archila from the National University, which was posted on ACIN's website - MAMA)

“Llegaron al corazón del país para quedarse”

12/08/2008; Autor: Mauricio Archila Neira

Pero además la minga no terminó con el regreso a sus tierras originarias. Ella continúa, pues en la centenaria resistencia indígena éste es un episodio más. De modo que tendremos su aleccionadora presencia en escenarios públicos nacionales e internacionales para mucho rato. Más aún, es previsible que el protagonismo alcanzado hasta ahora por los indígenas, lejos de disminuir, continúe acrecentándose con lo que no será posible tacharlos de ser una minoría marginal en la vida nacional. Ellos llegaron al corazón del país para quedarse…

Por mes y medio la palabra indígena caminó por Colombia. En efecto desde el 12 de octubre, en el Cauca primero y luego en distintas partes del país, se llevó a cabo la “minga de resistencia comunitaria y social”. Luego de recorrer el largo trayecto desde Popayán hasta Bogotá, haciendo escala en Cali –por segunda vez, pues ya habían estado allá hace un mes en el frustrado encuentro con el presidente Uribe Vélez–, Ibagué, Fusagasuga y Soacha, el viernes 21 de noviembre cerca de 30.000 indígenas acompañados de sectores solidarios llegaron a la plaza de Bolívar. Al día siguiente algunos ministros intentaron engatusarlos con vagas promesas, ya que el presidente no se apareció a este encuentro –lo había hecho en forma diletante y autoritaria en La María unas semanas antes, sin conceder nada–.

Los indígenas no cayeron en la trampa oficialista y decidieron regresar a sus tierras para atender la emergencia de la erupción del volcán-nevado del Huila, eso si dejando una delegación para encarar un eventual diálogo con Uribe Vélez, que tampoco se dio finalmente. Pero no por ello consideran terminada la minga, ella continúa. Aunque, en cuanto al logro de sus demandas, no se puede hablar de un éxito rotundo de la movilización indígena, si tuvo un notable impacto político. Por todo ello la “minga de resistencia comunitaria y social” es un hecho histórico que amerita ser analizado, como intentamos hacer en estas notas. Si bien no era la primera vez que llegaba una marcha indígena a la capital –ya en 1980 lo habían hecho las autoridades de los resguardos del Cauca–, la cantidad de participantes y su nivel de organización impresionaron a propios y ajenos.

A pesar de la estigmatización del gobierno al tacharlos de “terroristas”, de la provocación de la fuerza pública que segó la vida de un par de comuneros, de las voces descalificadoras de algunos columnistas y de los intentos de unas pocas autoridades civiles y universitarias por aislarlos, durante 45 días los indígenas mantuvieron una protesta ordenada, bajo la guía de sus autoridades y la vigilancia de la Guardia Indígena. Tal nivel de organización no se improvisa. En efecto, la lucha centenaria de los pueblos originarios de nuestro actual territorio es un acumulado que ellos ponen en juego en sus relaciones con el Estado y el resto de la sociedad. No en vano ellos dicen que el pasado está por delante en su largo caminar.

Este apoyarse en las tradiciones para enfrentar los retos contemporáneos les da no solo gran cohesión sino una gran proyección política. En efecto, el impacto de la reciente minga no se agota en el número de participantes ni en su notable organización. Resalta igualmente el creciente protagonismo indígena en las luchas sociales nacionales.

Aunque representan el 3% de la población del país, durante el extendido mandato de Uribe Vélez ellos han desarrollado cerca del 5% de las protestas en el territorio colombiano, según la Base de Datos de Luchas Sociales del Cinep. A la par de sus congéneres del continente, desde los años 70 los indígenas colombianos han incrementado la participación política por vías institucionales y extrainstitucionales.

Electoralmente desde los años 90 participan en los niveles municipal –conquistando alcaldías y consagrando Planes de Vida como proyectos propios de desarrollo–, regional –no olvidar la gobernación del Cauca de Floro Tunubalá entre 2001 y 2003– y nacional –por medio de agrupaciones políticas y de congresistas elegidos por circunscripción especial y fuera de ella–. Pero allí no se agota el repertorio de su acción colectiva. Desde tiempos lejanos han resistido por distintos medios a los despojos y exclusiones, y recientemente han adelantado notorias luchas como la masiva minga que llegó a Calí en septiembre de 2004, la amplia votación de las comunidades contra el TLC en marzo de 2005 y las persistentes recuperaciones de la “madre tierra” de los últimos años acompañadas de marchas, bloqueos de vías, amén de asambleas y reuniones internas, así como de intentos de negociación con agentes estatales y actores armados.

Ahora incursionan también en los ámbitos internacionales para presionar sus demandas. Sin duda ello refleja un nuevo liderazgo en la dinámica social y política del país. Pero no se trata de un liderazgo excluyente y menos de una nueva “vanguardia” de la lucha popular. Si bien la dimensión racial-étnica ha sido un elemento renovador de la acción colectiva en Colombia como en el conjunto del continente, no quiere decir que las desigualdades de clase hayan desaparecido. Por el contrario, los indígenas son concientes de que comparten muchas de las exclusiones y opresiones con el conjunto de sectores populares, agravadas por la imposición de la agenda neoliberal. Por esto hacen un llamado no solo a sumarse a sus luchas, sino a que cada actor subalterno adelante sus propias “mingas” en las que se denuncien las condiciones particulares de cada sector social.

Su agenda parte de la especificidad indígena, pero se proyecta hacia el conjunto de la sociedad. Los cinco puntos de la pasada movilización son bien dicientes al respecto: rechazo a los tratados de libre comercio; oposición al terror y la guerra; derogación de la “legislación de despojo”; cumplimiento de acuerdos con el Estado; y creación de mecanismos de soberanía, paz y convivencia. Incluso desde el ámbito cultural, la reciente minga no solo fue una reivindicación del orgullo de ser indio, sino una apelación para que la mayoría mestiza reconociera su ancestro indígena. En ese sentido muchos sectores populares urbanos e incluso estudiantiles se sintieron “indios”. Ello provocó una solidaridad ciudadana basada en la admiración por estos “guerreros milenarios” y no en la conmiseración de otros tiempos.

De esta forma la movilización indígena fue también una “minga de pensamiento” para el conjunto de la sociedad. Entonces los indígenas no se sitúan por encima del pueblo colombiano ni están al margen de sus demandas; son parte de él, aunque mantienen su especificidad. Luchan por las libertades individuales y sobre todo colectivas, mientras defienden la soberanía nacional. Propugnan por la igualdad socioeconómica junto con otros sectores subalternos, así se les tache injustamente de poseer muchas tierras, pues en realidad la mayoría de ellas se ubica en áreas de bosque y selva no cultivables.

También practican la solidaridad adentro y afuera de su movimiento. Pero esas luchas por libertad, igualdad y solidaridad las articulan con la defensa de su diferencia étnica y cultural. Así enarbolan la autonomía en sus relaciones con los otros. El llamado a la unidad en la diversidad es una apelación incluyente, pero con respeto a las diferencias. En pocas palabras, con sus discursos y prácticas los indígenas están trazando el derrotero para una izquierda sociopolítica renovada. He ahí la profunda lección de la pasada minga indígena, de la que todos debemos aprender. Pero además la minga no terminó con el regreso a sus tierras originarias. Ella continúa, pues en la centenaria resistencia indígena éste es un episodio más. De modo que tendremos su aleccionadora presencia en escenarios públicos nacionales e internacionales para mucho rato. Más aún, es previsible que el protagonismo alcanzado hasta ahora por los indígenas, lejos de disminuir, continúe acrecentándose con lo que no será posible tacharlos de ser una minoría marginal en la vida nacional. Ellos llegaron al corazón del país para quedarse…